Hace unos años, yo era de las que me dejaba seducir por las promesas de los Pantenes y Fructis de toda la vida, y es que me parece normal: ves esos pelasos que se calzan las modelos y obviamente quieres uno igual, o al menos uno que se parezca remotamente (y si en la saca te incluyen el metro ochenta y el porte de las señoras esas con pelaso, ya sería la hostia, pero eso es historia aparte). El caso es que, obediente y esperanzada, empiezas a gastar botes y botes de todas estas marcas, hasta que descubres que tu pelo sigue siendo muy normalito (en el mejor de los escenarios) o bien lo tienes hecho un asco (en el peor).

Al final acabé por odiar el Pantene debido a la sensación asquerosa y grasienta que me dejaba en el pelo, y tiempo después, tras leer su lista de ingredientes, entendí el porqué. Antes de meternos en vereda, creo que es interesante saber qué es exactamente en el champú y cuándo entró en nuestras vidas.

El champú moderno, tal como se lo conoce en la actualidad, fue introducido por primera vez en la década de 1930 con «Drene», el primer champú sintético (no jabonoso), pero se empezó a usar de forma prácticamente diaria y en la forma en la que hoy lo conocemos en los años 70. Durante esta época alguien, probablemente un fabricante de champús, empezó a decir que quien no se lavaba el pelo cada día era una cerda y usaba a chicas con pelasos en sus anuncios. Y así hemos llegado al día de hoy, en el que es inconcebible una vida sin champú casi a diario. Y eso si no usas mascarillas, productos de peinado, sérums, etc, etc.

La palabra champú deriva del inglés shampoo, palabra que data de 1762 y significaba originalmente «masajear». El objetivo real de lavarse el pelo es eliminar la grasa, pero la grasa no es soluble en agua. Por eso necesitamos usar un champú: para disolverla. Originalmente, el jabón y el champú eran productos muy similares; ambos contenían surfactantes, un tipo de detergente. La cuestión es que el jabón se mezcla con la grasa con demasiada afinidad, de manera que si se usa para lavar el cabello elimina demasiado sebo. Por eso, en los champús actuales  ya se emplean tensioactivos más equilibrados que los del jabón para no eliminar demasiada grasa. Y aún así, son bastante más agresivos de lo estrictamente necesario.

Además, los champús tradicionales tienen muchos más ingredientes que no son necesarios para nuestro pelo, por no decir dañinos. Los más típicos son estos:

Sulfatos/Tensioactivos.  Se consideran un irritante primario de la piel, pero se usan porque son baratos y hacen mucha espuma. Eliminan la capa protectora de la piel y el cabello. Llegan al torrente sanguíneo, pudiendo afectar a órganos vitales como cerebro, ojos y corazón. Pueden ser perjudiciales para el sistema inmune.

Siliconas. Impiden que la piel y el cabello respiren, dificultando la regeneración natural de las células. Producen sequedad. Con el uso continuado se acumulan en el cabello, haciendo que se ensucie antes y que tenga mal aspecto. Contaminan el medio ambiente.

Alcoholes.Sensibilizan e irritan la piel. Potencian la penetración cutánea de ciertos compuestos, por lo que si el producto que usas contiene ingredientes perjudiciales, ayudarán a que estos penetren mejor en tu cuerpo. Una fiesta, vaya.

Aceites minerales. Son derivados del petróleo con un efecto similar a las siliconas, dan una sensación de suavidad artificial y taponan los poros.

A continuación tenéis las denominaciones más comunes que adoptan estos ingredientes en las listas de ingredientes de cosmética capilar:

Champú_quimicosOK

El problema de todo esto no es que uses un producto con estos ingredientes de vez en cuando: lo grave es el efecto acumulativo que tienen estos ingredientes, que llegan al torrente sanguíneo a través de la piel y que nuestro cuerpo apenas puede eliminar. Lo problemático es la exposición constante, durante años y años, a pequeñas cantidades de químicos cuyos efectos sobre la salud no se conocen a largo plazo. Sobre todo si eres mujer, puedes echar la cuenta de cuántos productos para tu cuidado personal usas a lo largo del día. Piensa en el efecto que estos pueden tener en tu salud si los usas durante décadas: da mal rollo, ¿verdad?

Uno de los principales ingredientes innecesarios son las siliconas. Las siliconas se emplean en muchos productos cosméticos, como cremas, bases de maquillaje y por supuesto son las reinas de los cuidados capilares. Las siliconas crean una película estanca alrededor de cada hebra de tu pelo, que sella las cutículas. Cuando tu pelo tiene silicona la humedad que está dentro no puede escapar, ni siquiera con el calor de planchas y secadores, pero eso también significa que la humedad que está fuera no puede entrar. Es una barrera que interrumpe el intercambio del pelo con el aire. Como podrás imaginar, esto tiene ciertos puntos positivos, pero también muchos negativos.

La parte positiva, por buscarle algo, es que al sellar las cutículas aporta al pelo buena apariencia instantánea y que puede controlar el encrespamiento en pelos muy rizados o con mucho volumen.

El principal punto negativo, para mi gusto, es que la sensación de suavidad que crees que tu pelo tiene es totalmente artificial. Cada cabello de tu suave y lustrosa melena está cubierto de una capa de plástico que hace que parezca lo que no es. La realidad dentro de cada una de esas “cápsulas” es que el pelo seguramente esté desnutrido y falto de vitalidad. Con el tiempo, las siliconas producen sequedad. A pesar de que en primera instancia al aplicarlas pueda parecer que la piel y el cabello están muy suaves, no estamos haciendo más que camuflar el problema: cuánto más la aplicamos, más se resecan los tejidos. Y por si esto fuera poco, al ser un derivado del petróleo, las siliconas no son biodegradables, por lo que contaminan  el medio ambiente.

Y para rizar el rizo, la combinación de tensioactivos agresivos+siliconas provoca un círculo vicioso que hace que te tengas que lavar el pelo cada vez más a menudo. ¿Has oído alguna vez eso de “cada vez me dura menos el pelo limpio”? Pues ya sabes una de las posibles causas. Los tensioactivos del champú eliminan los aceites naturales de tu cabello, provocando una sequedad chunga que luego se alivia con la hidratación artificial que provocan las siliconas y demás parafernalia química. A su vez la única forma de eliminar esa capa de silicona para lavar el pelo es con tensioactivos agresivos. ¿No te parece un círculo vicioso un poco absurdo? Le estamos quitando al cabello su hidratación natural para darle una artificial que lo estropea y encima nos hace gastar dinero sin parar porque cada vez necesitamos más.

Las soluciones a este problema son diversas, dependiendo de lo radical que quieras ser: puedes optar por no lavarte el pelo (suena a ser muy cerdo, pero si eso te hace sentir mejor, el no poo es un movimiento mucho más extendido de lo que te crees). Puedes probar otras alternativas, como lavarte el pelo con acondicionador, o puedes optar por una tercera vía, que es la que sigo yo: usar champús y acondicionadores que no tengan todos estos ingredientes, o al menos que los reduzcan al mínimo. En mi caso, donde más radical soy es con las siliconas, porque he notado grandes diferencias en la salud de mi cabello al eliminarlas del menú. Si el champú o acondicionador no tiene sulfatos y detergentes agresivos, mucho mejor, pero me fijo principalmente en las siliconas por eso. Quizá más adelante me vuelva mas radical y opte por probar los demás métodos, pero de momento estoy contenta en el punto en el que estoy :)

Vayamos por partes para que no te me asustes:

  1.  Método no poo (es decir, no usar champú). Consiste en usar bicarbonato mezclado con agua para eliminar la suciedad sin agredir el cabello e intentar espaciar cada vez más los lavados.  Se puede añadir al agua del final del aclarado un poco de vinagre de manzana, para cerrar las cutículas del cabello, ya que el bicarbonato puede resecar.  Eso sí, dentro de que cada pelo es un mundo, he leído que en general el período de adaptación es un poco largo y pesado. Por otra parte, se supone que el pH del champú debe estar entre 4.5 y 5.5. Unos valores muy extremos – por exceso o por defecto – dañan el cuero cabelludo y el pelo. Y aquí llega el conflicto: el pH del vinagre oscila entre 2.4 y 3.4. El bicarbonato, en cambio, es de 8.0. Por eso, los escépticos ponen en cuarentena el método No Poo y se decantan por champús suaves y sin mucha “poo” (caca en inglés). Yo de momento no lo he probado porque no me apetece pasar por el trago de llevar el pelo hecho una mierda durante semanas, pero las valientes que han llegado al otro lado dicen que tienen el pelo más sano y bonito que nunca. Es tentador darle una oportunidad, la verdad.
  2. Lavarse el pelo con acondicionador. Esto no es por manía ni por llevar la contraria, sino porque los acondicionadores también llevan tensioactivos, pero son más suaves y no tan corrosivos como los del champú. El objetivo de dichos tensioactivos es espesar la textura del acondicionador, pero parece ser que son una cantidad más que suficiente para arrastrar la suciedad de tu pelo. Lo importante es encontrar un acondicionador que no tenga siliconas, o de tenerlas que sea de las solubles en agua. Si quieres probarlo, es muy sencillo: hay que usar el acondicionador como si fuera champú, pero con un poco más de paciencia porque el acondicionador no se distribuye por el cabello tan fácilmente. Esto sí que tengo ganas de probarlo, porque parece más fácil que lo del bicarbonato. ¿O quizá es que me parece más aceptado socialmente porque al fin y al cabo estoy usando un producto normal y corriente, como hace todo hijo de vecino? Creo que es más bien la primera opción, pero no está de más plantearse la pregunta  ;)
  3. Usar champú y acondicionador natural/sin ingredientes nocivos. Esto es más complicado de lo que parece, ya que el 99% de los champús y acondicionadores del supermercado contienen o un ingrediente u otro, sino todos. Y exige una inversión de tiempo y dinero hasta que descubras los productos que te van bien. Pero creo que es un camino intermedio y que puede funcionar muy bien si das con los productos ideales para tí.

Yo he empezado por eliminar las siliconas de mi cuidado capilar y he notado muchos beneficios:

↠ El pelo me dura limpio muchísimo más tiempo. Ahora me lo lavo 2 o 3 veces por semana y tan pancha, cuando antes me lo lavaba día si, día no, por no decir a diario.

↠ Mi pelo tiene mucho mejor aspecto y más volumen, cosa que se agradece porque tengo mucha cantidad de pelo, pero es liso y muy fino. En cuanto uso algún champú con siliconas, porque estoy fuera de casa por ejemplo, noto el pelo más aplastado y grasiento.

↠ Se realmente si mi pelo está sano o no. Los productos que uso no enmascaran sus problemas (puntas abiertas, deshidratación, encrespamiento…).

↠ Tranquilidad de saber que no estoy poniendo tantos ingredientes nocivos en mi pelo y en mi cuero cabelludo. Nos creemos que no, pero como decía antes, la mayoría de los químicos que ponemos en nuestra piel llegan al torrente sanguíneo, y el cuero cabelludo no es una excepción. Una vez estos químicos están en el interior de nuestro cuerpo, tienden a acumularse en los órganos porque los seres humanos no tenemos las enzimas destinadas a descomponerlos y eliminarlos. Así que si te apetece tener derivados plasticosos corriendo por tus venas, no te juzgo. Pero yo prefiero evitarlo en lo posible, gracias.

↠ Me siento más cómoda apostando por marcas que emplean ingredientes naturales en sus formulaciones y que cuidan el medio ambiente.

No obstante, el camino fácil es seguir usando el champú de toda la vida: vas al super, lo metes en la cesta y punto. Tienen colores, diseños y olores bonitos y agradables. Hay mucha gente que vive feliz así y su pelo siliconoso le parece una maravilla y me parece bien, pero no me identifico.  El camino contrario, el de ser un pelín más consciente de lo que le echas a tu cuerpo, exige un pequeño esfuerzo por tu parte, de lectura de etiquetas  y de búsqueda de alternativas. Además, si te pasas a la cosmética capilar sin siliconas, como hice yo, puede que tu pelo pase una época un poco más extraña hasta que se depure y vuelva a autoregularse de forma natural. El pobre no está acostumbrado a que le dejes tomar el aire y no sabe cómo comportarse de repente, es normal. En mi caso, tuve el pelo un poco más secorro de lo habitual durante una época, aunque viéndolo con perspectiva dudo de si realmente fue eso o si simplemente mi pelo empezó a tener una textura natural y normal a la que no estaba acostumbrada…

Bueno, si este tema te ha tocado, seguramente quieras saber cómo identificar las siliconas.  Lo primero que tienes que saber es que los ingredientes de un cosmético siempre están listados de mayor a menor proporción. Así que no es lo mismo que un champú tenga una silicona en los últimos puestos a que lo tenga en segundo lugar, después del agua. Si un día te encuentras con uno de esos…¡corre, Forest, corre! :D

Tipos de siliconas

Como ves, hay dos tipos de siliconas: las solubles en agua y las no solubles. Si las siliconas de tu champú son solubles, bastaría con enjuagarte el pelo muy bien bajo la ducha para eliminarlas, así que dentro de lo malo, si no tienes otra opción escoge esas.

Por si te pica la curiosidad, te dejo por aquí algunas marcas y productos sin siliconas que he probado y te cuento mis experiencias, para que te ahorres el ensayo-error que he hecho yo (aunque ya sabes que cada cuerpo es un mundo). También te recomiendo que, aunque yo te hable de marcas en general, lo ideal es que eches un ojo a cada etiqueta. Puede haber productos que hayan cambiado en su formulación o puede que haya excepciones dentro de una misma marca.

 Naturaleza y Vida: Lo bueno de esta marca es que se encuentra en algunas grandes superficies y no es tan extremadamente cara como otras marcas naturales, lo que nos facilita bastante la vida.

 LUSH: Sus productos capilares no llevan siliconas y sí bastantes ingredientes naturales y orgánicos, pero el problema es que sí que llevan los típicos tensioactivos agresivos (sodium laureth sulfate y sodium lauryl sulfate).
Ahora mismo uso uno de sus champús porque me va muy bien para controlar el tono amarillento de los reflejos rubios de mi pelo. De esta marca también me gustan sus champús sólidos, exceptuando uno en concreto, el Godiva, que huele maravillosamente pero no me fue bien porque se supone que es champú+acondicionador en uno. El acondicionador son básicamente trozos de manteca de cacao incrustados en el champú. Mi pelo no captó el asunto muy bien, la verdad. Con otros, como Jason and The Argan Oil, no he tenido problema, y además si no los dejas expuestos a la humedad (¡se deshacen!) duran mucho.

Klorane: Es una marca relativamente fácil de encontrar en farmacias, parafarmacias y ahora ya en algunos hipermercados, pero le pasa algo parecido que a Lush, que no tienen siliconas pero su formulación es bastante “química” (entendedme en este punto: no quiero decir que todo lo químico sea malo, ni mucho menos, pero sí que hay ingredientes químicos que no son necesarios, que son perjudiciales para nuestra salud y que muchas veces se usan en detrimento de ingredientes naturales que realmente sí que aportan algo a tu pelo).

 Aroma Zone (una tienda online de ingredientes ecológicos cosméticos por la que prefiero no pasarme porque mi tarjeta tiembla cada vez que lo hago) tiene una base neutra de champú maravillosa, con sodium coco sulfate en lugar de sodium laureth sulfate (SLS). El sodium coco sulfate es parecido al sodium laureth sulfate, pero al ser derivado del coco es ligeramente más suave. Es como un champú minimalista,  de hecho está pensando como una base para que cada uno le eche los extractos y aceites esenciales que quiera, pero se puede usar solo. Yo lo uso en Nina y es el que mejor le ha ido con diferencia, al no tener ningún ingrediente agresivo, ni olor ni nada que no sea necesario. Ya sabéis que Nina tiene un pelaso, así que vosotras veréis…(comer pienso no es una opción, no).

SANTÉ : Están genial calidad-precio porque tienen tamaños familiares y no contienen siliconas, y también lleva sodium coco sulfate.  He usado su «Champú Brillo Bio Naranja y Coco» durante casi un año entero (el bote de 950ml dura eones) y me ha ido genial: un olor super agradable,  muy suave y nada caro, claramente volveré a comprarlo. En Valencia lo he encontrado en Ecorganic y en Biobasic, en Madrid no lo he comprado nunca pero seguro que en cualquier herbolario aceptable lo encontraréis.

 John Masters Organics: Es una de estas rarezas maravillosas que me encantan: no se encuentra en España (al menos hasta donde yo se) y hay que comprarlo por Internet, pero son una maravilla. Yo ya he probado varios acondicionadores y me han ido muy bien, además de que sus aromas son increíbles (y naturales), cosa que para mí gana puntos porque me gusta disfrutar de los productos que utilizo. Además, presumen de que sus productos contienen entre un 70 y un 100% de ingredientes orgánicos. He comprobado los ingredientes del acondicionador que tengo en la ducha y el primer ingrediente, incluso antes del agua, es el aloe vera. Os aseguro que esto no es muy común. Eso sí, los uso con mucho mimo, porque como siempre, no son baratos. Yo lo compro aquí.

Ahora que tienes esta información, ¿qué vas hacer?¿Qué método te llama más? Si decides hacer cambios en tu rutina cosmética, quiero que me cuentes qué tal te ha ido :) ¡Te espero, valiente!

NOTA: No soy química ni experta en ingredientes, ni pretendo serlo, simplemente quiero compartir con vosotros mis conocimientos sobre este tema, adquiridos a base de lecturas, interés y experiencia. Si eres químico o formulador y ves algún error en el texto avísame, estoy abierta a correcciones.

NOTA2: Todas las marcas que aparecen en este post lo hacen por convicción propia, porque me han gustado o me han parecido útiles en algún sentido. Si alguna vez incluyo algún producto por el que haya recibido compensación económica lo indicaré en el post. Y por supuesto, aquí no verás nada que no haya sido aprobado o testado por mí, o que no me guste. Faltaría más :)

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