Hace un frío que pela, anochece pronto y salimos menos a la calle. Es normal que en invierno estemos un poco más retraídos y melancólicos que de costumbre, pero si con la llegada del frío has notado que el bajón se te está yendo de las manos o está durando mucho tiempo, toca poner en marcha estrategias para recuperar la salud y el buen humor.

Por suerte, hay unas cuantas y no son complicadas.

En los casos más graves el bajón anímico puede desembocar en un Trastorno Afectivo Estacional o TAE, que es un trastorno que debe ser tratado por un profesional.

Pero para la mayoría de los mortales, que simplemente nos sentimos un poco más chof debido al frío y a la falta de luz, los siguientes consejos pueden ser de gran ayuda (¡o eso espero!)

 

Adapta tu alimentación.

 

En invierno el cuerpo gasta mas energía para mantener su calor, y lo que necesita son comidas calientes y un poco más contundentes que durante el resto del año. No conviene abusar de frutas y verduras crudas, porque son muy sanas pero aumentan la sensación de frío en el cuerpo. Así que ya sabes: dale a los guisos, las sopitas y las infusiones.

Ah, y darse al alcohol y al azúcar aprovechando que vas cubierto como una cebolla y las lorzas no se ven tampoco te hará ningún bien: el alcohol es un depresivo, aunque de primeras parezca lo contrario, y el azúcar solo hará que tengas subidones y bajones de ánimo constantes, en plan montaña.

Una copa de vino o cerveza o un poco de chocolate negro están bien, pero si te pasas mucho lo notarás.

 

Duerme bien.

 

Esto ocurre en invierno, en verano y en cualquier época, pero no lo olvides: si no descansas las horas necesarias, tu cuerpo no va a poder rendir en todo su potencial.

Lo ideal es dormir unas 7-8 horas, aunque esto hay que adaptarlo a cada uno porque cada persona es un mundo.

Si duermes menos te faltará energía, y si entras en modo marmota estarás siempre aletargado. Ninguna de las dos situaciones te conviene, como podrás imaginar.

 

Toma el sol y el aire.

 

Así sintetizarás toda la vitamina D que necesita tu cuerpo. Se estima que el 70% de los estadounidenses presentan deficiencias de vitamina D, cifra que aumenta en los meses invernales.

Quizá en los países mediterráneos no salgamos tan mal parados, pero igualmente nuestro organismo tiene que recibir su dosis diaria de rayos solares para sintetizar la vitamina D.

Está demostrado que su deficiencia empeora el ánimo, entre otros problemas. Por eso, y aunque no te apetezca nada salir, fuérzate un poco porque después lo notarás en tu ánimo.

Si puedes darte un paseo en un parque o en la playa cada día, genial. Si no, aprovecha para tomar el sol mientras haces recados, vas al trabajo andando o paseas a tu perro: ¡únete a la tribu de los que buscamos las aceras con sol en invierno!

Y si ves que esto no es suficiente, puedes ir al médico para que valore si necesitas unos suplementos de vitamina D.

Foto del precioso blog de Belén Vázquez, inthemakingbybelen.com

 

Muévete

 

Haz algo de ejercicio diario, aunque te cueste. Si lo haces al aire libre mucho mejor, estarás matando dos pájaros de un tiro, aunque sea una expresión horrible ;)

Si tu rutina es saludable y equilibrada y te apetece infinito, puedes dedicar un día de vez en cuando a hacer sillonball extremo. Sí, soy consciente de que este punto se contradice con los anteriores, pero hay días en los que el plan de sofá y manta puede ser lo mejor del mundo. Como dice el señor Vegas, hay días en que valdría más no salir de la cama.

Así que ya sabes, disfruta del relax y del confort sin atisbo de culpabilidad. Solo vigila que estos días sean ocasionales y no se conviertan en costumbre porque entonces estaríamos agravando el problema.

ImanCama

Dale a la aromaterapia.

 

Siempre he pensado que la aromaterapia, y en concreto los aceites esenciales, están muy subestimados. Muchas personas piensan que son cosas de chamanes o naturistas chiflados, pero la realidad es que tienen efectos terapéuticos más que comprobados y por ende influyen en nuestro estado de salud (y en nuestro ánimo) más de lo que pensamos.

Hay aceites esenciales que nos relajan, otros que aumentan nuestras defensas, otros que nos ponen de buen humor…Mi favoritísimo de todos los tiempos es el de geranio, porque huele que te mueres, anima y es muy reconfortante.

Pero para aumentar el ánimo y energizar también van genial la bergamota, el limón, la lavanda (que a su vez relaja), la rosa, el jazmín, la menta

En cuanto al modo de uso, hay mil opciones: puedes usarlos en un quemador de aceites, echarte unas gotitas en las muñecas para que se absorban a través del torrente sanguíneo o incluso mezclarlos con tu crema hidratante facial o corporal (si optas por la primera opción, asegúrate de que el aceite que elijas no sea de los que  provoca fotosensibilidad).

IMPORTANTE: asegúrate de que son aceites esenciales de calidad, y si son de cultivo ecológico, mejor. Algunos son caros, pero realmente merecen la pena y duran una eternidad. Luego no digas que no te avisé cuando se te caiga el brazo tras echarte una de esas mezclas de aromas de tres euros del chino, ¿eh?

Nútrete.

 

Vigila tu consumo de grasas Omega 3, presentes en pescado azul, marisco, frutos secos, legumbres (soja, garbanzo…) y en «superalimentos» (o superfoods, como dicen los angloparlantes modernos) como las semillas de chía, lino y cáñamo.

Las Omega 3 son las grasas saludables que anuncian en la tele (no todo iba a ser malo) y ayudan al tejido cerebral y a los nervios, entre otros beneficios. De hecho, se ha demostrado que un aumento en su consumo influye positivamente en las funciones cerebrales y disminuye el riesgo de depresión.

Otras vitaminas importantes para este fin son las del grupo B, que juegan un papel fundamental en la química cerebral, y por consecuencia en el humor.

 

Presta atención a tu casa y a tu entorno.

 

Dicen por ahí que igual que tu cuerpo es el hogar de tu alma, tu casa es el hogar de tu cuerpo. Así de primeras suena un poco cursi, pero si lo piensas…es verdad.

Durante el invierno pasamos muchas más horas en casa que durante los meses estivales por razones obvias. Por tanto, es más fácil que su estado influya en nuestro ánimo, tanto positiva como negativamente. Si tenemos una casa desordenada y llena de cosas del paleolítico que hace mil años que no utilizamos, lo vamos a notar en nuestro ánimo tarde o temprano.

La buena noticia es que al revés ocurre lo mismo: una casa agradable y en la que te sientas cómoda te va a poner de buen humor.

Por eso, lo ideal es que aproveches los días de frío para analizar tu hogar y crearte un plan para mejorarlo: ¿estás a gusto en él?¿es para ti un refugio o una fuente de estrés?¿qué cambiarías?¿qué objetos le sobran y cuáles le faltan?

Luego ponte en acción: al principio da pereza, pero la sensación de satisfacción que sientes es insuperable porque una casa ordenada, funcional y agradable puede hacer maravillas por tu estado de ánimo.

Y si necesitas ayuda porque no sabes por dónde empezar, Anna&Co es tu chica, consúltala porque no te arrepentirás ;)

 

Mímate.

 

Obsérvate e identifica lo que te funciona: a veces puede ser simplemente encender una vela bonita en casa, o hacer el típico plan de peli+palomitas. Otras puede implicar hacerte un masaje o preparar un viaje que te motive.

Lo importante es que busques espacios para cuidarte y darte pequeños homenajes que te hagan sacar esa sonrisa que a veces se empeña en no salir, la muy rebelde ;)

Fuente: lovethispic.com

Fuente: lovethispic.com

Y por último, pero no por ello menos importante…

 

Búscale lo positivo a la estación.

 

Pasarse el invierno corriendo hace que se haga más largo. ¿Curioso, no? Pues lo mismo ocurre si te lo pasas de morros contando los días para que acabe.

Como en todo en esta vida, hay que buscarle los aspectos positivos para empezar a disfrutarlo. A mí me funciona pensar en esos días de verano en los que no puedes ni respirar del calor y ya no sabes dónde meterte y te quieres morir, y así empiezo a apreciar mis calcetines suavecitos y mi mantita.

La perspectiva de hacer una escapadita a esquiar, que en verano no se puede hacer por razones obvias, también me suele motivar.

Como ves, cada uno tiene sus trucos para superar el bajón invernal…¡espero los tuyos en los comentarios!