¿Por qué ser una mujer cíclica en un mundo lineal?¿Ir contracorriente no es tener ganas de sufrir sin necesidad? ¿Por qué no pasar de largo por encima de nuestro ciclo, acallar sus síntomas y hacer como que no va con nosotras? Total, así la vida es más fácil, ¿verdad?

Pues mira, no.

En este artículo te voy a contar por qué considero que el conocimiento de nuestro ciclo menstrual es fundamental para nosotras, para las demás y sí, también para la sociedad. Me encantará que compartas tus impresiones (siempre que sea de manera respetuosa) en los comentarios.

La primera razón para ser una mujer cíclica es la más obvia. Resulta que no tienes opción: si eres mujer, eres cíclica. Y si niegas esta realidad, más pronto que tarde te acabará pasando factura. Dolor menstrual, agotamiento, depresión, problemas de fertilidad, cáncer…No quiero ponerme ceniza porque prefiero centrarme en los beneficios del autocuidado cíclico, pero esto es una realidad. Si no respetas el funcionamiento de tu cuerpo, estás haciéndote daño a ti misma. Fin.

Pero esto no va sólo de ti. Al negar tus propias necesidades, estás sentando precedente para que las demás también tengan que hacerlo. En el fondo esto del cuidado cíclico es como el famoso cuento de El Traje Nuevo del Emperador, ¿te acuerdas de él?

En el cuento, un vanidoso emperador encarga a unos sastres de dudosa ética un traje hecho con un tejido tan fino y tan especial que, según afirmaban ellos, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier persona estúpida o incapaz. Obviamente, como nadie se atrevía a admitir que no veía el traje, los sastres estafadores se salieron con la suya y presentaron al rey un traje “invisible” para su desfile ante el pueblo. El miedo a quedar como unos estúpidos u ineptos hizo que todo el mundo alabara la singular belleza de la tela (a pesar de que solo veían al rey en cueros). Hasta que un niño, señalando al rey, tuvo la valentía de decir lo que todos estaban pensando: ¡Pero si va desnudo! La gente empezó a cuchichear la frase, atreviéndose poco a poco, hasta que toda la multitud se atrevió a gritar que el emperador iba desnudo. 

 

 

Pues el tema menstrual es igual. Tenemos que ser esas niñas deslenguadas que señalan lo evidente. Duele. Me quedo descansando. Hoy prefiero ir al cine sola. No puedo con todo, por favor esta noche haz la cena tú.  Al oír estas frases, las otras criaturas cíclicas susurrarán un  “menos mal, gracias, creía que era la única” con una sonrisa de alivio y complicidad. Y el cambio estará un poco más cerca. 

Quizá pienses que todo esto del cuidado y el conocimiento menstrual es una exageración, o que es “de antiguas”. Lo que se lleva es ser como ellos, poder con todo, yes we can, somos invencibles. Las mujeres tenemos mucho complejo de superwoman. Parar y reconocer que tenemos necesidades distintas al cuerpo y a la mente masculina nos hace sentirnos débiles, culpables e improductivas. 

Hemos pasado de que no nos dejaran hacer nada más allá de ser la esposa y madre perfecta al nada me puede parar, tengo que demostrar que soy igual que ellos para ganarme esa igualdad de condiciones que se nos ha negado durante tanto tiempo. Y sí, podemos con mucho más de lo que creemos, pero no todo a la vez y en todo momento. Y sobre todo no necesitamos demostrar nada.

Lo explica magistralmente Erika Irusta en su libro “Yo Monstrúo”

“TÚ PUEDES CON TODO, QUE LA REGLA NO TE PARE es el eslogan más repetido en la historia de la publicidad de higiene (llamada) femenina. Compresas y tampones con ultra absorción para que no pares «ni en esos días». Esos días. Esos innombrables días en los que, pese a que el dolor sea lo normal, se espera que este no nos impida seguir con nuestra vida normal de productivas amazonas malabaristas. ¡Ay la normalidad! ¡Cuánto da de sí! ¡Qué de heridas causa! Y es que se evidencia ─otra vez─ la crueldad de la eterna paradoja: menstruar duele pero este dolor no ha de afectar a nuestro día a día ni a las personas con las que nos relacionamos. Que te duela a ti, a título personal, bien, pero por favor no fastidiemos a los demás que no tienen la culpa de que estés en esos días. Sangra, nena, pero no salpiques

Esta última frase me pone los pelos de punta. Sangra, nena, pero no salpiques. Aún recuerdo cuando era muy joven y salía por la noche cuando tenía la regla, aunque mi cuerpo me pedía a gritos hacerme una bolita en el sofá. Cancelar los planes no era ni una lejana opción, y si había que pasar por encima de mi cuerpo, pues se hacía. Porque yo soy fuerte y yo puedo con todo, ¿no? Recuerdo que mezclaba ibuprofenos con alcohol y al día siguiente me preguntaba porqué no paraba de vomitar, porqué los dolores me dejaban agotada y llorando en la cama. Y culpaba, una vez más, a la maldita regla. A mi maldito cuerpo.  

 

La realidad es que no estás loca, eres cíclica

 

La realidad es que nuestro cuerpo, nuestra biología y nuestros ciclos son distintos a los masculinos. La realidad es que vivimos en un mundo creado por y para ellos (aunque esto también es muy discutible, pero da para otro artículo). La realidad es que no tenemos conocimientos ni herramientas para cuidarnos como criaturas cíclicas que somos. La realidad es que nos sentimos unas intrusas incomprendidas.

Intrusas en nuestro cuerpo, primero.

Incomprendidas por nuestro entorno, después.

Intrusas e incomprendidas por la sociedad, para rematar.

No pretendo que te sientas culpable. Es normal no tener ni idea de las oscilaciones por los que pasa tu cuerpo serrano cada mes. Solo se nos ha enseñado a identificar las fases evidentes, como la menstrual, en la que tienes dolor y sale sangre de tu interior. No tiene pérdida. ¿Pero qué hay del resto de las fases, las que te convierten en una mujer diferente que a la vez sigue siendo tú misma?¿Conoces el baile hormonal que experimenta tu cuerpo cada 28-35 días? ¿Sabes que es normal que en ciertos momentos de tu ciclo tengas más deseo sexual, que en otros necesites estar sola o que te entre el ansia de de orden y limpieza? ¿Sabes que, como dice Erika, no estás loca, sino que eres cíclica? 

La mayoría de las veces las primeras que nos maltratamos somos nosotras mismas, sintiéndonos culpables por necesitar descanso, tiempo a solas, silencio para ser y para dejar de hacer. ¿Pero qué quieres? Somos sanas hijas del patriarcado, educadas en los valores de una sociedad que valora una masculinidad que poco tiene de masculina, una productividad fiera y constante, un enterrar los sentimientos y las necesidades para cuando nos venga mejor gestionarlos (y ese momento no llega nunca, claro). 

Vuelvo a citar a Erika: 

Cuentos de terror que delimitan y perfilan nuestros cuerpos y con estos, nuestras experiencias. De tanto contarlos los hemos creído hasta la última célula. No dudamos de ellos, dudamos de nosotras. A cambio de esta fe sin ojos ni lenguas, la ‘tranquilidad’ de encajar en las frías piezas de este engranaje re-productivo. Por la calma de ser aceptadas, hemos perdido el vendaval de estar vivas.

Por eso creo firmemente que el ejercicio del autocuidado menstrual es un acto primero individual, después colectivo y por último -y no menos importante- político. 

 

Qué necesitas para conectar con tu mujer cíclica

 

 

No te voy a mentir. Conocer, honrar y reconectar con tu naturaleza cíclica no es tarea fácil, sobre todo al principio. Implica ir en contra de tu propia educación y de los dictámenes (muchas veces inconscientes) de la sociedad en la que vives. 

Sincronizar tu vida con tu ciclo tiene mucho de planificación, de observarte para saber lo que vas a necesitar con antelación para hacerte la vida más fácil en cada fase. Es decir, se trata de cuidarte. Pero claro, es difícil atender tus necesidades de descanso un lunes por la mañana, cuando te acaba de venir la regla y el cerebro no te funciona pero vives en un mundo lineal con 4 semanas de vacaciones al año (con suerte) y dos días de descanso por cada 5 de trabajo. Hay que crear estrategias, experimentar, innovar y reorientar nuestros «noes» y nuestros «síes».

Los ingredientes de este cóctel molotov de rebelión, mimos y cuidados son potentes:

  • Disciplina. Ay, esa temida palabra. Esto no es algo que se haga de un día para otro. Conocer tu ciclo menstrual implica observarte, medirte, ser constante, aprender, experimentar. 
  • Ponerte en el centro y darte prioridad. Suena obvio, pero nos han enseñado a dejarnos para el último momento, a darnos poco más que las sobras. 
  • Volver a tu cuerpo. En él es donde empieza todo. Si emprendes este viaje sin tu body, todo se queda en teoría y en cavilaciones. 
  • Creer en ti y ser valiente. Nos han enseñado a validarnos a través de la experiencia ajena. Hay que tener mucha determinación para decir: “pues mira, parece que yo no encajo dentro de este patrón”. O “oye, ya sé que siempre se ha hecho así, pero yo lo voy a hacer asá”. 
  • Un cuarto propio, a lo Virginia Woolf. A veces ese cuarto es literal, es un espacio físico. Otras veces será simbólico, implicará encontrar el tiempo para estar contigo misma. 
  • Dejarte mimar. Aceptar este desafío implica que tendrás que sentir y, a veces, mostrarte vulnerable. Implica dejar de cuidar y, por una vez, dejarte cuidar. No puedes hacer esto sola. 
  • Medirte y observarte. Para ello hay existen muchas herramientas: el diagrama menstrual, los termómetros, la observación del flujo…pero para detectar patrones, hay que tener un mínimo de constancia y de compromiso. 
  • Comprometerte contigo misma (y con la causa). Si no te comprometes, nunca vas a llegar. Y como te decía antes, esto no va solo de ti. 
  • Cultivar 3 sentidos: el crítico, el del humor y el de la ligereza. Hay ratos para ponernos serias y ratos para reirnos hasta de nuestra sombra. 
  • Aprender y pasar a la acción. Para reconquistar nuestro cuerpo no basta con acumular conocimiento teórico: hay que bajar de la mente al cuerpo, experimentar, sentir nuestras carnes. 

 

Las recompensas de emprender este camino cíclico tienen un valor incalculable:

Imagina dejar de ver tu ciclo menstrual como un problema y convertirlo en parte de la solución.

Imagina mejorar tu vida en todos los sentidos. Imagina utilizar el poder de tu ciclo para organizarte y trabajar con más energía, para potenciar tu creatividad, para mantener tu cuerpo sano y lleno de energía, para tomar decisiones importantes con tu intuición como guía. 

Imagina un mundo en el que las mujeres se cuidaran unas a otras, en el que pararan cuando fuera necesario para renovar su energía, cuidar su cuerpo y atender su alma.

Imagina un mundo donde las adolescentes no se sintieran avergonzadas, solas o confusas cuando les viniera la regla por primera vez, sino acompañadas, cuidadas e incluso celebradas. ¿Te imaginas lo que conseguiría este cambio de perspectiva en las generaciones futuras?

Imagina un ambiente familiar en el que pudieras decir “Lo siento, ahora mismo estoy menstruando y no me va a sentar bien ir a esa cena. Pasadlo bien” sin machacarte, sin sentirte culpable, avergonzada o débil. 

Imagina una sociedad formada por redes de mujeres pletóricas de energía, llenas de amor y de sororidad. 

Simplemente, imagina un mundo en el que todas pudiéramos cuidarnos, celebrarnos y habitarnos de forma auténtica.

Y ahora dime que no merece la pena el esfuerzo, la soledad, el nadar contracorriente, la osadía, el desaprender para aprender. 

Dímelo, pero no te creeré. 

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