Te parecerá una tontería, pero necesitaba decírtelo. Y necesitaba compartir mis impresiones sobre este tema con todos vosotros. Ojo, digo vosotros porque es bueno que los hombres inteligentes (que doy por hecho que sois todos los que andáis por aquí, faltaría más) también lo lean. Seguro que todos nos sentimos identificados con alguna parte de lo que cuento a continuación, desgraciadamente…

Si eres hombre, quizá no te hayas dado cuenta porque no lo has sufrido en tus propias carnes, pero si eres mujer seguramente sabrás de lo que te hablo: las mujeres estamos más sometidas a manipulación emocional que los hombres, haciéndonos creer en muchas situaciones que estamos trastornadas o que “somos unas exageradas” cuando reaccionamos ante algo que nos molesta o cuando ponemos límites para defender nuestros propios intereses.  Esta manipulación “silenciosa” ha alcanzado límites epidémicos en nuestra sociedad, principalmente porque es algo que la mayoría de las veces no es premeditado ni consciente.  Esto es lo peor de todo, porque quiere decir que hasta que no hagamos un ejercicio de conciencia, tanto individual como colectivo, e identifiquemos estas situaciones, no podremos erradicarlas.

gaslighting2

¿De qué manipulación está hablando la feminazi esta? Si te ha pasado esta frase por la mente – ¡que espero que no! O morirás – has dado en el clavo: es un ejemplo perfecto de este tipo de manipulación. Aquellos que la realizan empiezan por causar una reacción en la persona con la que están tratando, ya sea tristeza, frustración o enfado. Cuando la “víctima” reacciona, ellos actúan como si sus sentimientos no fueran racionales o normales, haciéndole sentir insegura e incómoda y quitándole importancia a lo que dicen.

“Que sensible eres, estaba bromeando”

“Relájate, te estás pasando”

“Estás a la defensiva”

“¡Tía, estás loca!”

 

¿Te suena alguna de estas frases? Si eres mujer, estoy segura de que sí. Y no hace falta ser una mujer con falta de autoestima o confianza, pues este tipo de manipulación psicológica nos afecta a todas.

Que sea un problema que afecta sobre todo al género femenino se debe principalmente a dos razones. La primera es una creencia que está anclada en lo más profundo de nuestra sociedad: las mujeres solo necesitan la más mínima provocación para desatar sus emociones (emociones de loca, claro). La segunda es que es mucho más fácil manipular a alguien que ha sido condicionado –en este caso condicionada- por la sociedad para aceptarlo. Oprimimos a las mujeres porque no rechazan nuestras opresiones tan fácilmente como los hombres. Están educadas para aceptarlas, lo contrario es de “mala mujer”. ¿No te parece triste y cobarde?

Esto no es algo que yo me esté inventando, pues este comportamiento ya tiene nombre entre los especialistas en salud mental: se conoce como gaslighting.

El autor Yashar Ali es un bloguero especializado en temas sociales y de género, que en breves va a sacar un ebook sobre el tema (si te interesa, puedes apuntarte para enterarte de cuando sale aquí). En uno de sus artículos (super interesantes, por cierto)  explica que el término proviene de la película de 1944 Gaslight, protagonizada por Ingrid Bergman. En este largometraje, el marido de Bergman, interpretado por Charles Boyer, quiere adueñarse de las joyas de su mujer, y para ello idea una estrategia para que la consideren una loca y la internen en un centro de salud mental. Para hacerle creer que está trastornada, el individuo se dedica a encender y apagar las lámparas de gas de su casa. Cada vez que su mujer reacciona al parpadeo, Boyer le dice que todo son imaginaciones suyas y que está chiflada. Un angelito, vaya.

Gaslight

Como decía antes, esta manipulación puede ser consciente (no nos engañemos, sino no existiría un término para designarlo) o no, pero el resultado es siempre el mismo: hace que la mujer reprima sus sentimientos y se sienta menospreciada, dudando de sus propias capacidades. La exposición constante, año tras año, al gaslighting hace que muchas mujeres acaben musitando un “Da igual” en lugar de alzar la voz para expresar como se sienten.

En muchos casos, las mujeres que ya han interiorizado esta manipulación se vuelven pasivo-agresivas a la hora de expresar rabia, frustración u odio. Han perdido la capacidad de expresarse de forma auténtica y asertiva. Son las que empiezan todas las frases con un “Lo siento, pero…” o las que cuando escriben mails ponen una carita feliz al lado de temas importantes o serios para intentar suavizar el tono. También son las que permanecen en matrimonios que les hacen profundamente infelices (¿cómo no vas a ser infeliz con una pareja que te tacha de estar como una maraca constantemente?). O las que se quedan toda la vida en el mismo trabajo aunque su jefe las maltrate psicológicamente.  ¿Te suena?

Por otra parte, la mayoría de los hombres han sido educados desde pequeños para no expresar sus emociones, porque eso se considera poco masculino. Como explica Yashar, esto provoca que, ya de adultos, muchos hombres se nieguen a verbalizar una disculpa cuando ven a alguien que está sufriendo por culpa de algo que ellos han hecho. Debido a este condicionamiento, les resulta complicado admitir su parte de culpa y no digamos ya expresarlo exteriormente. Es un círculo vicioso que se origina en el paradigma social en el que estamos inmersos.

Mientras escribo me viene a la mente el libro Mujeres que corren con los lobos, que por cierto me tiene fascinada (voy por la segunda lectura, así que seguramente caiga una reseña en breve). Su autora, Clarissa Pinkola, no habla de gaslighting como tal pero sí que trata el tema en muchos fragmentos de la obra:

“Mientras la mujer sea forzada a creer que no tiene poder, y/o sea entrenada a no registrar conscientemente lo que ella sabe que es verdad, los impulsos y dones femeninos de su psique seguirán siendo asesinados”.

“Las culturas demasiado civilizadas intentan impedir que la mujer vuelva a casa, es decir, a su psique (…). Cuando una mujer permanece demasiado tiempo alejada de su esencia, la capacidad para percibir lo que siente se agrieta”

Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con los lobos

Eso es precisamente lo que sufren muchas mujeres: una desvinculación de su esencia, de su personalidad y de su capacidad para expresarse y tomar decisiones. De hecho, los actos de gaslighting privan a las mujeres de la herramienta de expresión más importante del ser humano, tanto de forma metafórica como literal: la voz propia.

Con esto no quiero decir que todos los hombres sean unos malvados manipuladores y que todas las mujeres seamos unas racionales de pies a cabeza. Ni mucho menos, porque hay de todo en la villa del señor y eso está claro. Mi intención es ayudaros a abrir los ojos, como han hecho conmigo antes,  y si ya consigo que cada uno se analice a sí mismo de forma sincera y cambie lo que tenga que cambiar si lo considera necesario ya sería la leche.

Tanto hombres como mujeres estamos juntos en esto: la clave está en identificar estas situaciones y que dejen de ser costumbre, y hacer un esfuerzo por entender a las mujeres de nuestras vidas sin juzgarlas a la primera de cambio.

Que me dices, ¿te apuntas a desaprender?

Imágenes: 1, 2, 3

NOTA: Este post contiene enlaces de afiliados de Amazon, que es la web donde yo compro mis libros (digamos que la visito más de lo que debería, ejem). Esto quiere decir que si compras el libro a través de este enlace me llevaré una pequeña comisión que no me hará rica ni mucho menos, pero sí me ayudará a mantener el blog. Por supuesto, nunca te voy a recomendar un libro que no me haya gustado o que no piense que pueda serte útil, I promise, y siempre buscaré el precio más barato, que no estamos para tonterías. ¡Gracias por aportar tu granito de arena!

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