Mierda, ya estás en bucle otra vez. Es martes por la noche y estás con los ojos haciendo chiribitas (gran palabra) navegando a través de Instagram/Pinterest/Facebook como si no hubiera un mañana. Sabes que el postureo en redes sociales no debería afectarte, pero cuando te pilla floja no puedes evitarlo.

De hecho, sí que hay un mañana, un mañana en el que vas a odiarte a ti misma porque deberías haberte acostado hace ya una hora…

Y aunque de vez en cuando ves algo que te inspira, el buen rollo dura poco, pues tu sensación al -por fin- apagar la luz de la mesilla es la de ser un zurullo andante.

Tú no tienes ese novio hipster que hace masajes en los pies, ni esa casa nórdica impecable, ni esos cachorritos de perro que nunca se mean en el parquet, ni todo el tiempo del mundo para hacer DIY de velas de soja y comida orgánica. Y tu pijama consiste en una camiseta de Mudanzas Navarro que ni por asomo tiene esas puntillas tan sexys que ves en el feed de la Sujeta X o Y.

¿Te suena? Seguramente sí, porque muchas de nosotras hemos estado ahí.

Lo peor es que es un bucle vicioso del que es difícil salir. Está claro que todo en su justa medida está bien, y las redes sociales no son una excepción, pero ¿por qué nos pegamos atracones virtuales de imágenes pluscuamperfectas que nos hacen sentir fatal después?

 

El collage lo ha hecho Emma Dime, pero los autores de las fotos son Melissa Sonico, Stacy Longenecker, Liz Gardner y Justina Blakeney. Todo de Instagram, claro.

El collage lo ha hecho la bloguera Emma Dime, pero las autoras de las fotos son Melissa Sonico, Stacy Longenecker, Liz Gardner y Justina Blakeney. Todo de Instagram, claro.

 

¿Cotillas por naturaleza?

 

La respuesta, al parecer, está en la esencia voyeurista de estas redes sociales: los usuarios cotilleamos a nuestros contactos para compararnos y ver si estamos mejor o peor. Y casualmente, la balanza se suele inclinar hacia el peor.

No te engañes, porque en esta ecuación hay una variable principal que nuestras pobres mentes no suelen tener en cuenta: la tendencia del ser humano a maquillarlo todo de cara a la galería.

Seguro que tienes alguna amiga a la que siempre, siempre, siempre le va todo genial. Tú sabes que se acaba de morir su abuela y le preguntas qué tal está esperando que te lo cuente y que se desahogue, la pobre chiquilla. Pero no, ella solo te comenta bien que le va todo. Si tienes mucha confianza, quizá te lo comente como quitándole importancia, y antes de que puedas decirle un lo siento ya habrá pasado a comentar lo fabulosas que son tus botas.

¿Te suena?

Pues bien, en redes sociales todos, TODOS somos así. Nadie comparte lo solo que se siente un sábado cuando todo el mundo está de fiesta y a él/ella se le han torcido los planes, o lo que odia a su suegra, que está colgada de su cuello en la foto familiar que ya lleva tantos likes.

 

La vacilada de Zilla

 

Me encanta el ejemplo que nos dio hace ya unos meses la artista holandesa Zilla van den Born, al publicar un vídeo de sus vacaciones en el sudeste asiático.

Cuando todo su entorno, amigos y familia incluidos, estaba ya babeando con las idílicas instantáneas de comida exótica, templos budistas y buceo, ella desveló que en realidad llevaba cinco semanas en su casa de Amsterdam dándole al Photoshop y al atrezzo para colársela a todo el mundo.

Y lo bien que se lo debió pasar esta chica preparando el tinglao...

Y lo bien que se lo debió pasar esta chica preparando el tinglao…

 

Su experimento, lejos de ser puro ‘postureo’, formaba parte de un proyecto universitario cuyo objetivo era demostrar cómo lo que vemos en Internet no es, en muchos casos, un reflejo de la vida real.

Hice esto para mostrar a la gente que filtramos y manipulamos lo que enseñamos en las redes sociales. Mi objetivo era demostrar lo común y fácil que puede ser distorsionar la realidad. Todo el mundo sabe que las fotografías de modelos son retocadas pero solemos pasar por alto el hecho de que también cambiamos la realidad en nuestras propias vidas”, explica Zilla.

Si yo fuera su profesora, se hubiera ganado el 10, desde luego.

 

Vale pero ¿cómo evitar el postureo y la comparación de las redes sociales?

 

Ahora que nos ha quedado claro lo que pasa tras las ciber-bambalinas, ¿cómo salimos del círculo vicioso y satánico que es el voyeurismo de las redes sociales?

 

1. Una buena dosis de realismo.

 

A lo genial que le va a todo el mundo, réstale 10 y quizá estés un poco más cerca de lo que es su vida real. Ahora ya sabemos (por si no era evidente antes) de que de cara al público lo embellecemos todo. De esta forma, puedes tener una relación con el mundo online mucho más sana y utilizar las redes sociales para cosas más positivas, ¡que las hay! Por ejemplo: conectar con la gente, inspirarnos y aprender.

 

 2. Deja de compararte.

 

Sin más, creo que no necesita explicación.

Hace poco leí por ahí que todos estamos hechos del mismo material, solo que con una “configuración”, una combinación totalmente distinta que nos hace únicos. Sería una ofensa y sobre todo una absurdez intentar ser exactamente igual que otra persona cuando tú eres único y especial, ¿no? No recuerdo donde lo leí y seguro que he destrozado la cita, pero me llenó especialmente y creo que viene al caso.

 

3. Humor y conciencia.

 

Cuando, a pesar de estar super concienciado sobre el tema,  entres en un bucle de autolamentación y comparación, detéctalo. Sé consciente de la situación y ríete de ti misma.

Hay pocas cosas que no se solucionen con un poco de humor, y si no se solucionan, al menos ayudan a sobrellevar el trago de forma más agradable.

 

4. Ponte límites.

 

Si eres un caso perdido y/o tienes una voluntad de hierro, puedes probar a limitar tus horarios de consulta de redes sociales. A menos exposición, menos daño. Creo que a mí no me funcionaría, pero lo veo como una buena opción (esto es un consejo vendo pero para mí no tengo en plena regla).

 

5. Consigue que tu vida te interese más que la pantalla.

Y lo más importante de todo: VIVE TU VIDA. Si estás un sábado por la noche en casa, hazte unas palomitas y mira una peli chula, duerme la mona o aprovecha para hacer un poco de meditación.

Haz lo que te apetezca hacer, pero no trates de huir de tu vida viviendo la de otros. Disfrútala, que no está tan mal :)

Y tú, ¿tienes algún truco para desconectar del maldito postureo en redes sociales? ¡Los espero (ávidamente) en los comentarios!