¿Sabías que actualmente hay 53.000 personas con más de cien años solo en los Estados Unidos, y que según su tasa de crecimiento, en 2050 habrá más de 600.000? Aunque algunos llegan sufriendo y mal, otros alcanzan esa edad activos y prácticamente libres de enfermedades físicas y dificultades cognitivas.

¿Te has preguntado alguna vez cómo lo hacen? ¡Pues sigue leyendo!

 Está claro que en el mundo actual, en el que la población vive cada vez más tiempo, el cuidado de la salud es algo cada vez más importante. Lo que no tenemos en cuenta muchas veces es que para cuidar nuestra salud también tenemos que cuidar nuestros pensamientos y creencias.

El doctor Mario Martínez es un neuropsicólogo clínico especializado precisamente en esto: la investigación de la influencia de las creencias culturales en nuestra longevidad y salud.

Martínez es el creador de la ciencia biocognitiva, un nuevo paradigma que examina la estrecha relación entre los pensamientos, el cuerpo y la cultura en la que vivimos. Este neuropsicólogo defiende que la cultura crea la biología de los seres humanos que viven inmersos en ella.

Esto explica por qué las culturas que asocian el paso de los años con un desarrollo positivo y una sabiduría mayor tienen cifras mayores de centenarios con vidas plenas y saludables, en comparación con las culturas que ven el envejecimiento como un proceso de deterioro inexorable y negativo.

 

¿Qué tienen en común las personas más longevas?

 

Como parte de sus investigaciones, el Doctor Martínez llevó a cabo un estudio entre más de 700 centenarios saludables, que dio como resultado que todos tienen unas características o costumbres comunes:

–          Son rebeldes que no siguen al dedillo las pautas y creencias de la cultura en la que viven. Crean su propia cultura. Esto me encanta porque es muy unusual rebels: no se trata de rechazar todo lo que te rodea porque sí, sino de analizar cuáles son los pensamientos que has creado tu mismo y cuáles están en tu mente debido a la cultura, la familia o el entorno en el que vives.

–          No van al médico. Básicamente porque la mayoría de sus médicos habituales están muertos, por una parte, y por otra porque tienden a no estar de acuerdo con la medicina occidental tradicional.

Con esto no creo que la solución sea no vayas al médico cuando hace falta (de hecho sería bastante absurdo), sino que creo que es una defensa a favor de tomar responsabilidad por nuestro propio bienestar y no dejarlo sistemáticamente en manos de alguien exterior.

Cuando dejamos la responsabilidad en un ente externo, es muy fácil echarle la culpa a ese ente si algo falla. Lo contrario, es decir, asumir nuestra responsabilidad, es un acto empoderador y valiente que debemos llevar a cabo.

–          Disfrutan de pequeños rituales agradables a diario. Un trocito de chocolate, una copa de vino o un cigarro de vez en cuando. La clave de esto es hacer del momento un ritual “sagrado”, no una borrachera estúpida o un atracón manchado de culpabilidad. ¡Viva el hedonismo consciente! :D

–          Viven en el presente y miran hacia el futuro. Tienen cosas que hacer y nuevos desafíos y proyectos de los que ocuparse. Crean una vida que aman y la viven al máximo.

–          No se identifican con la genéricamente llamada “gente mayor”. De hecho muchas de esas personas supuestamente mayores son más jóvenes que ellos…

–          Viven inmersos en subculturas que apoyan su capacidad para vivir sin edad.

 Igual parece una tontería que con 30 años ya esté hablando de estos temas, pero es que me parece que si todos fuéramos más conscientes del poder de la mente y del entorno en el que vivimos, no sufriríamos tanto.

Además, ya por estas edades empiezo a notar ciertos dejes de comportamiento o actitudes de “ya no somos lo que éramos” o “la edad se empieza a notar” que no molan un cagao nada. Lo que más odio es cuando los detecto en mí misma, claro…

Aunque tengo que reconocer que tras haber leído unas cuantas cosas sobre el tema se me está pasando bastante la tontería.

Además, me encanta ver ejemplos de centenarios que viven vidas distintas y auténticas.

 

Ejemplos inspiradores

 

El otro día, justo cuando este artículo se iba gestando en mi cabeza, me topé con la historia del hombre más mayor de Australia, que con 109 años (ni más ni menos) se presentó voluntario para tejer jerséis para pingüinos enfermos.

Todo comenzó en 2013, cuando la Phillip Island’s Penguins Foundation buscaba voluntarios tras el mayor vertido de crudo ocurrido en las aguas de la Isla Phillip, que obligó al rescate de 438 ejemplares. Alfred Date se ofreció y desde entonces teje abrigos que consiguen que el aceite del crudo no se impregne en las plumas de los pingüinos.

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A pesar de haber superado la barrera de los 100 años, Alfred se mantiene muy activo. Lleva tejiendo desde 1930 y practicó el golf hasta los 90, y afirma que su secreto para mantenerse tan sano es “Levantarse cada mañana”.

¿Puede haber un ejemplo más bonito, inspirador y conmovedor de que la vida no acaba con la jubilación? Yo creo que no.

Otra de mis abuelas favoritas es Tao Porchon Lynch, una profesora de yoga de 96 años de la que ya te hablé aquí. #muyfan

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¿Qué te parecen estas costumbres de la gente centenaria?¿Te las esperabas, o te han sorprendido? ¡Te espero en los comentarios!

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